domingo, octubre 21, 2007

Reflexiones: El anillo

Quiero compartir este relato que pertenece al libro de paulo Coelho "El alquimista"

A lo largo de nuestras vidas nos encontraremos con mucha gente; gente que nos valorará por nuestras acciones y palabras, pero quizá con otra que no sepa, o no quiera ya no valorar nuestros esfuerzos, sino tampoco motivarnos para seguir adelante en nuestro camino.

Independientemente de sus palabras, sigamos con nuestras convicciones y conquistemos nuestros retos.




El Anillo


Un joven discípulo fue a ver a su querido Maestro.
- Vengo, Maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El Maestro, sin mirarlo, le dijo: Cuanto lo siento, muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizá después...- Y haciendo una pausa, agregó - si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este problema con más rapidez y después, tal vez, te pueda ayudar.

Eeee...encantado, Maestro -
titubeó el discípulo, pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

Bien, asintió el Maestro. Se quitó el anillo en el dedo pequeño y dándoselo al muchacho, agregó: toma el caballo que está allá fuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El discípulo tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía con el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban la espalda y sólo un viejito fue tan amable como para explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para darla a cambio de un anillo.

Con el afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado, más de cien personas, abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.

Cuánto hubiera deseado el discípulo tener él mismo esa moneda de oro! Podría habérsela entregado al Maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.
Al llegar, dijo:

-Maestro, lo siento, no se puede conseguir lo que me pediste...quizá pueda conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto al valor del anillo.
- Qué importante lo que dijiste, joven amigo -
contestó sonriente el Maestro -. Primero debemos conocer el valor del anillo. Vuelve a montar y ve al joyero. Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregunta cuánto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven discípulo volvió a cabalgar y llegó a la casa del joyero.

El joyero examinó el anillo a la luz del candil con su lupa, lo pesó y luego le dijo: - Dile al Maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya mismo, no puedo dar más de 58 monedas de oro por su anillo.

- ¡¡¡¡¡¡¡58 monedas!!!!!!!! - Exclamó el joven.

- Sí - replicó el joyero - sé que con más tiempo podríamos obtener hasta 70 monedas, pero si la venta es urgente...ahora no puedo ofrecer más.


El joven corrió a toda velocidad con su caballo y entró emocionado a casa del Maestro, a contarle lo acontecido.


- Siéntate muchacho - convino el Maestro tras escuchar su historia - Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede apreciarte un verdadero experto. ¿Qué haces pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor? . Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en su dedo pequeño.


Todos debemos considerarnos como este anillo del que habla el relato: únicos y valiosos. Pero muchas veces caminamos en nuestras vidas pretendiendo que gente a la que no importamos ni nos valora nos juzgue por su rasero, nos infravalore.


Sigamos esforzándonos día a día, puliendo y sacando brillo a ese anillo que podemos llegar a ser, intentando descubrir nuevos brillos para futuras oportunidades.



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martes, abril 17, 2007

Frase de Motivación: Ser feliz es vivir cada momento con intensidad


La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.

Benjamin Franklin

1706-1790. Estadista y científico estadounidense.


Hoy traigo una frase que me hace pensar muchas veces, ya que la cultura en la que nos hemos educado la mayoría de nosotros nos hace ser continuamente infelices pensando que la felicidad es un mundo perfecto en el que todo es maravilloso y no hay lugar a los problemas, y eso es un gran error porque esa tierra no existe pues precisamente los problemas son los que nos hacen crecer y avanzar.

Todos debemos tener grandes sueños y objetivos en la vida y fijar diferentes metas que nos sean de apoyo como referencias en el recorrido del camino hacia esos sueños, sin embargo la felicidad no consiste en alcanzarlos sino en perseguirlos, y eso supone que día a día iremos viviendo el camino en que cada vez estaremos mas cerca de lograrlos y ese camino debe ser un camino de felicidad continua o viviremos una vida como decía Thoreau de "callada desesperación".

Cada día que vivimos aparecen multitud de situaciones maravillosas en las que debemos dejar que las emociones fluyan naturalmente y penetren dentro de nuestro corazón, aparecen relaciones con personas que nos nutren el espíritu y nos hacen sentir bien, nos vemos involucrados en temas que lejos de nuestros propósitos originales nos envuelven en acontecimientos inesperados, y disfrutar de todo eso es parte de la felicidad.

Ser feliz no es llegar al estado perfecto, al nirvana personal, sino darse cuenta que la vida nos regala cada día infinitos momentos de pequeña felicidad que nos aportan mucha emoción y no podemos desaprovecharlos pues nunca volverán.

¿Y de que momentos estoy hablando? Hablo de esos momentos en que vemos que hemos ayudado a alguien sin buscar recompensa alguna; de esos en que nuestro hijo aparece corriendo y se funde con nosotros en un abrazo interminable como si la vida fuera a acabarse un segundo después; de esa llamada que nos hace un viejo amigo al que habíamos perdido la pista hace mucho tiempo y que aun se acuerda de nosotros; de cuando hojeando un libro encontramos una foto de nuestros padres de hace 20 años y se nos saltan las lágrimas; de cuando estamos apunto de dormirnos y nos acordamos de esa casa con la que soñamos tener algún día y que tanto nos emociona; de ese momento en el restaurante en que al darnos las vueltas nos dan dinero en exceso y llamamos al camarero para devolvérselo y nos lo agradece sorprendido; de cuando vamos a escribir en una hoja en el trabajo y nos vemos el anillo de alianza y nos recuerda a nuestra pareja con la que compartimos la vida; de... no se, hay miles de momentos cada día en que podemos y debemos ser felices

Carpe Diem que repetían "El Club de los Poetas Muertos". Vive cada momento, y se feliz.

Os dejo un cuento de Paulo Coelho que aborda este tema con su singular forma de llegar al corazón.


Un mercader envió a su hijo con un gran sabio para aprender el Secreto de la Felicidad. El joven caminó durante días por el desierto, hasta llegar a un hermoso castillo.

Sin embargo, en vez de encontrar a un hombre santo, el joven vio mercaderes que entraban y salían, muchas personas conversando, una orquesta y una mesa repleta de manjares. El sabio conversaba con todos, y el joven tuvo que esperar dos horas para ser atendido.

Al fin, el ilustrado escuchó al visitante, pero le dijo que en aquel momento no tenía tiempo de explicarle aquel secreto. Le sugirió dar un paseo por su palacio y volver dos horas más tarde. Y añadió:

-Quiero pedirte un favor -entregándole una cucharita de té en la que dejó caer dos gotas de aceite.-
-Mientras caminas, lleva este utensilio y cuida que el aceite no se derrame.
El joven comenzó a subir y bajar las escalinatas del palacio manteniendo siempre los ojos fijos en la cuchara.

Y luego de dos horas, retornó.
-¿Qué tal?- le preguntó el sabio, -¿Viste los tapices de Persia? ¿Advertiste el jardín, que tarde diez años en crear? ¿Reparaste en los bellos pergaminos de mi biblioteca?
El joven, avergonzado, confesó que no. Su preocupación había sido no derramar el aceite.

-Pues entonces vuelve y conoce las maravillas de mi mundo, -dijo el sabio-No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa.
Ya más tranquilo, el joven tomó nuevamente la cuchara y volvió a pasear por el palacio, esta vez mirando con atención las obras de arte, los jardines, las montañas que asomaban, la delicadeza de las flores y de los cuadros del lugar. De regreso con el Sabio, le relató lo visto.

-¿Pero dónde están las dos gotas de aceite que te confié? -preguntó el anciano-
El joven miró la cuchara y se dio cuenta de que se habían derramado.
-Pues éste es el único consejo que puedo darte. El secreto de la felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo, pero sin olvidarse nunca de las dos gotas de aceite en la cuchara.

El Secreto de la Felicidad está en saber disfrutar de los grandes placeres sin olvidar las pequeñas cosas que tenemos a nuestro alcance. -

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sábado, febrero 17, 2007

Frase de Motivación: "Nunca volveremos a ser como antes"


Hoy me apropio de unas frases de Paulo Coelho, autor del que voy a incorporar frases o párrafos en próximos posts pues tiene expresiones muy enriquecedoras que generan en mí reflexiones que quiero compartir con todos vosotros.

La frase de hoy es "Nunca volveremos a ser como antes" y este es parte del artículo de donde lo ha extraído:

...Hace cinco días que entramos en el otoño europeo, aunque todavía hace calor. Pero el invierno se aproxima, y el frío será implacable. Los árboles que aún están cargados de hojas, murmurarán muy tristes cuando las hayan perdido todas: "Nunca volveremos a ser como antes".

Pensándolo bien, menos mal. Porque si no, ¿qué sentido tendría renovarse? Las nuevas hojas que salgan tendrán su propia personalidad, pertenecen al verano que se acerca, y que nunca podrá ser igual que el anterior.

Vivir es cambiar, ésta es la lección que nos enseñan las estaciones...

Nos empeñamos en el vocabulario que utilizamos a diario en transmitir que cambiar es malo, en decir frases como "es que yo soy así y no voy a cambiar", "a estas alturas ya no hay quien me cambie", etc. y sin embargo es la propia naturaleza la primera que nos hace ver que es precisamente lo contrario lo que debemos llevar a cabo para poder evolucionar.

Debemos perder parte de lo que somos para ser algo más, para generar algo nuevo. Debemos pasar por otoños e inviernos para poder vivir y ser las primaveras, y eso, aunque pueda ser doloroso al sentir como se desprende de nosotros algo que nos configuraba, es el camino para poder dejar sitio a la renovación, a la nueva vida que vendrá un tiempo después.

Debemos ser conscientes que la vida sin renovación no es vida, que si queremos mantenernos igual, estamos luchando contra las fuerzas de la propia naturaleza, pues solo con recordar esas aguas estancadas que no se mueven, que quedan incomunicadas manteniéndose "sin cambiar", finalmente lo único que logran es pudrirse y morir, y esa imagen debería ser suficiente para darnos cuenta que la evolución es una necesidad.

Y ese cambio interior pasa por no volver nunca más a ser como antes, para poder llegar a ser un nuevo yo mucho mejor.

Viva la renovación, viva el otoño, viva la vida.

Fuente: Mundos del Tarot

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