jueves, junio 12, 2008

Frase de motivación: ¡Escucha tu corazón!

Los momentos difíciles nos complican bastante las cosas y no suelen ser pocos, lo sabemos bien. Saber mantener el rumbo, no perder la esencia de lo que somos es lo único que va a ayudarnos a superar lo adverso. El único que ha estado contigo cada minuto sin excepción eres tú, por eso aprende a escucharte.
Les dejo con esta estupenda canción de Laura Pausini, que aunque se dirige a una mujer, bien puede aplicarse a cualquiera.

Escucha a tu corazón
¡Qué! ahora cómo estás
plantada por tu historia acabada,
y de frente a ti,
la enorme cuesta arriba.
Te sientes algo sola,
sin nadie que se siente a escucharte,
que comprenda tu situación.
No te debes de rendir.
Y sigue siendo tú
persigue tu destino,
pues todo ese dolor que está dentro
nunca debe interferir en tu camino.
Descubrirás así
que tu historia toda y cada minuto
pertenecen tan solo a ti.
Mas si te has quedado tú
navegando sin razones
en el mar de tus porqués.
Mira en ti, escucha el silencio,
tu corazón te soplará las palabras,
mira dentro de ti misma y entonces
prueba si alcanzas donde te lleva tu alma.
Es difícil decidirse
qué es lo correcto, qué debe hacerse,
si se tiene la cabeza en otra parte.
Tu orgullo que te atrapa,
las noches que el dolor te destapa
todo tu miedo a equivocarte.
Si te vuelves a sentir
persiguiendo las estrellas,
nunca debes renunciar.
Cree en ti, escucha en silencio,
tu corazón te curará las heridas,
mira dentro de ti misma y entonces
prueba a volar donde el dolor no te siga.
No te engañara, si escuchas atenta,
abre los brazos y es posible que toques
cada mano, cada sueño que quieras tener,
cada uno de nosotros te espera con su corazón.
Cada vez que dudas y que no sales,
prueba a escucharle, tu corazón sí que sabe.
Tú prueba a escucharle,
tu corazón si que sabe,
tu, corazón si que sabe.
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miércoles, mayo 28, 2008

Frase de motivación: ¡No todo merece ser escuchado!

El mundo que los hombres hemos construido, nuestra manera de organizar nuestra sociedad y de desempeñarnos en ella, no ha logrado convertirnos en seres totalmente cordiales, no somos fraternos los unos con los otros. Por eso es que es tan desgastante la convivencia.
Nuestro centro de trabajo, nuestras calles, pueden ser lugares altamente agresivos. En ese contexto, es muy importante saber darle el valor exacto a las palabras que nos dirigen, hay palabras que es mejor ignorarlas por completo:
En el palacio de Salomón una golondrina macho acechaba de cerca a una golondrina hembra que la rechazaba de forma vigorosa. El macho gritó:
-Pero, ¿cómo puedes rechazarme a mí? ¿No sabes que si quisiese podría echar abajo la cúpula más alta de este templo? ¿Echarla encima del mismísimo Salomón?Salomón, que comprendía el lenguaje de los pájaros, llamó a la golondrina macho y le preguntó con severidad:
-¿Cómo has podido decir una estupidez semejante? ¿Por qué? ¿Qué te ha empujado a hacerla?
-No hay que tomarse en serio las palabras de un pájaro enamorado - dijo el pájaro.
-Tienes razón -dijo Salomón. Y dejó que el macho se fuese volando.
Mejor no dejarnos amargar el día con palabras insignificantes, aunque nos las digan a gritos, no son importantes. Si aprendemos que no todo lo que se nos dice merece la pena ser escuchado, tendremos más tiempo para nuestra tranquilidad, para continuar con nuestra búsqueda de la felicidad verdadera.

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miércoles, febrero 06, 2008

Reflexión: El poder sanador de la ayuda sincera.

Esta noche han salido noticias terribles en la televisión, claro, es habitual, hoy le presté especial atención al drama de una pareja de esposos, que arrojaron a su bebé desde el cuarto piso de su edificio en llamas para salvarlo. Es muy sencillo encontrar motivos para estar tristes, para dejarnos abordar por la desesperanza.

Vivimos tragedias o conocemos las tragedias de los demás. Es tan sombrío el panorama cuando uno se enfoca en eso. Y sin embargo es posible estar en contacto con esas desgracias sin que la desolación nos embargue, ¿cómo?

¿Te has preguntado en qué o a quiénes puedes ayudar? Es posible y no tan complicado, a veces una charla es suficiente, o un abrazo. Empieza con tus amigos, tus parientes. Si dispones de tiempo, puedes visitar algún albergue, un orfanato, un asilo... atrévete un día a visitar a aquellos que sufren, te sorprenderá el poder curativo que tiene ayudar sinceramente a los que más lo necesitan.



Ayudando a los demás muchas veces nos ayudamos a nosotros mismos. Centrar la mirada un instante en el dolor del otro y procurarle alivio, suele renovar profundamente nuestro mundo interior, anímate a experimentarlo.

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sábado, diciembre 16, 2006

Reflexión 6: Dominar mis silencios significa dominar mi comunicación


La palabra frente al silencio, un dilema que parece sin punto de encuentro, sin embargo es la compenetración idónea para la verdadera comunicación.

El silencio es algo desconocido para el hombre común, no solo porque en la vida moderna no se le asigna ningún valor, sino porque hablar cumple con otras funciones, aparte de la obvia que es la comunicación. Se nos ha enseñado con ejemplos diarios que hay que hablar, y hablar de continuo, lo vemos a cada momento en televisión, pero no se nos explicado el valor de escuchar y trabajar nuestros silencios.

A través de la palabra nos representamos la realidad, de manera que nuestra descripción del mundo se sustenta en una estructura de imágenes y conceptos traducidos en palabras que pierden su condición de instrumentos y se transforman en un sustituto de aquello que representan.

En términos del maestro:

"Lo malo de las palabras es que siempre nos fuerzan a sentirnos iluminados, pero cuando damos la vuelta para encarar al mundo, siempre nos fallan y terminamos encarando al mundo como nos es habitual sin iluminación".


Así, siempre estamos hablando. Hablamos y hablamos sin parar, y llenamos los vacíos de nuestras interacciones con palabras que, al no haber intencionalidad, carecen de significado cuando no tenemos a nadie a nuestro lado para justificar la charla, hablamos a nosotros mismos para decirnos lo que somos, lo que sentimos y lo que queremos.

El primer paso que debe dar el aprendiz para alcanzar el silencio, es controlar esas charlas internas y externas.

En la medida que la mente tiene la facultad de conversar consigo misma y al mismo tiempo, de observar su conversación, el aprendiz debe usar esta facultad para analizar el contenido de sus conversaciones. Descubrirá que la mayor parte de ellas son la manifestación de hábitos prescindibles, entre los cuales, el más destacado, es el hábito de quejarnos. La queja, oh, la bendita queja, un instrumento que utilizamos para por un lado sentirnos afianzados, para reforzar nuestra autoestima a través de denostar a quien tenemos enfrente, además al quejarnos de continuo de lo que ocurre en el mundo, dejamos escapar las diferentes frustraciones cotidianas y la queja la utilizamos como válvula de escape de esa olla a presión que es nuestro mundo interior, y todas esas insisto frustraciones necesitan ser canalizadas, y dado que la mayoría no toma acción sobre ellas, prefiere utilizar la queja.

Buena parte de nuestras conversaciones tiene por objeto transmitir nuestras quejas a un interlocutor que no necesariamente está interesado en escuchar, sino que está esperando su turno para transmitir, a su vez, sus propias quejas. El objetivo de esto es, como se verá mas adelante, mantener una determinada imagen personal. Eso no es una conversación sino turnos de lanzamiento de mensajes, ya que ninguno de los dos escucha sino que solo espera el momento de hablar sin tener ningún interés en lo que nos está comunicando la otra persona. Triste, muy triste, pero muchas de las conversaciones que mantenemos en la sociedad actual tienen esta base.

Despojado del habito del parloteo inútil, el aprendiz no sólo descubre el sentido de la verdadera comunicación, sino que también aprende a escuchar la riqueza del silencio, el que lo lleva a una comprensión más profunda de la vida y le ayuda a dejar el hábito de hablar siempre de sí mismo. El silencio le enseña también a no quejarse y a no esperar nada, lo que construye la base de la quietud y armonía interior logrando un crecimiento personal importantísimo. El silencio controla la ira, la excesiva emotividad, realza el dominio del lenguaje, ayuda a evitar efusividades emocionales del vocabulario que a veces son solo impulsos nada comedidos y que tanto nos pueden perjudicar y que gracias al silencio podremos encontrar las palabras adecuadas para comunicar la idea sin herir a nadie, aquieta la mente y predispone al espíritu para el trabajo de desarrollo.

Hablar no nos convierte en personas interesantes, ni mejora nuestra imagen hacia los demás a pesar de que la creencia popular es que es así. Hablar sin transmitir y sin escuchar no sirve para nada, y como ejemplo todos recordamos como en alguna ocasión hemos sufrido a esos dos tipos de vendedores, el primero uno que hablaba incesantemente y que no decía nada absolutamente, pero que ni acababa nunca su argumentación ni nos transmitía información de valor, es decir, era sólo un charlatán; el segundo, un ejemplo contrapuesto que todos hemos vivido también en alguna ocasión, es esa persona que cuando hablamos escucha cuanto decimos, que mantiene un silencio activo y solo complementa nuestros argumentos sin apenas interrumpirnos. Y esa persona es la que luego decimos que es un magnífico conversador, no por lo que dice, sino por como escucha y maneja sus silencios.

Y ahora te pregunto: ¿Eres capaz de buscar el silencio en tu interior, estás dispuesto a emprender el viaje y encontrarte de ti mismo?

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