lunes, abril 28, 2008

Frase de motivación: ¡No te has equivocado!

Equivocarse es doloroso, sentir que uno ha fallado puede llevarnos a experimentar una tristeza bastante profunda. Sin embargo, hay que aprender a aceptar que tenemos derecho a equivocarnos.
Pero esencialmente, debemos tener en cuenta que no se equivoca aquel hombre que ensaya más de un camino para alcanzar sus metas. Intentar una y otra vez no es acumular equivocaciones, es tener el coraje de volver a empezar. Quien sí se equivoca y mucho, es aquel que por temor a equivocarse, no emprende nunca el camino y no llega a ninguna parte.
Tampoco se equivoca aquel que es lastimado después de expresar sus sentimientos, se equivoca aquel que por miedo se calla y encierra su corazón en un baúl oscuro que nadie nunca conoce.
No está equivocado aquel que sueña alcanzar un horizonte lejano y que para ello empieza a dar cortos pasos, no se equivoca en ser constante a pesar de no avanzar mucho. Se equivoca aquel que no da siquiera un paso por pensar que su meta es muy lejana.
No se equivoca aquel que deja de buscar en los libros las respuestas, que se atreve a mirar dentro de sí, aunque eso le ponga ante sus ojos viejos dolores y tristezas que deba superar. Se equivoca aquel que se evade, que busca el sentido de su vida en lo externo, en las cosas que no perduran.
Por eso, cada vez que un error te obligue a detenerte y reflexionar en tu conducta, medita si eres capaz de reponerte al error, aprender de él, tener la capacidad de disculparte si es necesario. Pero por ningún motivo dejes que una equivocación te deje en la inacción. Equivocarás el sentido de tu vida si te detienes a mirar las nubes pasar, víctima de tus miedos.

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jueves, marzo 06, 2008

Frase de motivación: ¡No te rindas!

El racimo de uvas moscatel se veía delicioso, el sol era abrumante y la zorra, al pie de la parra, observaba los frutos gordos y los imaginaba jugosos y dulces deshaciéndose en su hocico, saboreándolos con gusto y deleite.
Había caminado por el valle en busca de alimento sin encontrar nada, revisó madrigueras y nidos, pero no tuvo suerte; el verano ese año estaba insoportable, todo mundo había migrado menos ella.
Después de dos días de caminata sin probar bocado, vaya que deseaba comerse esas uvas. Llegar hasta la parra fue para la zorra toda una bendición, un verdadero golpe de buena suerte. Y allí estaba alistándose a dar el salto para alcanzar el apetitoso racimo.

Sus primeros tres intentos fueron en vano, pues no conseguía la altura necesaria. Intentó trepar pero tampoco alcanzó el racimo. Empezaba a cansarse y a sentirse frustrada. Buscó un buen rato un tronco que pudiera utilizar como un banco para ganar altura, pero no lo encontró. Así que regresó y brinco y brinco tantas veces como pudo para alcanzar las uvas... hasta que cayó la noche y la zorra, totalmente exhausta y orgulloso exclamó: "¡Bueno, en realidad no me gustan las uvas, y menos estas que están verdes, seguro que están muy ácidas!" Y se marchó con el pecho henchido creyendo que lo hacía repleta de dignidad.

Esta reelaboración de una de las más famosas fábulas de Esopo, nos sirve para ejemplificar una actitud que adoptamos en ciertas circunstancias erróneamente. Mentirnos cuando se fracasa y rendirnos ante la adversidad son dos taras que debemos aprender a superar.
No te rindas, si tu fin es noble, si es la meta que te propusiste, si luchaste por conseguirlo, no te rindas, encuentra nuevas maneras, otro camino, mayor fortaleza física o mental, pero no te rindas.
Cada intento fallido asúmelo como una manera nueva de entender por qué fallaste, cada vez que no alcances la meta no finjas que no la anhelabas, más bien sopesa con calma cuál es el valor del objetivo que perseguías y cómo puedes volver a intentarlo, así podrás tener mayores oportunidades de alcanzarla y sentirte realizado. ¡Tú puedes lograrlo, tú vas a lograrlo, con esfuerzo, perseverancia e inteligencia, vas a lograrlo!

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viernes, febrero 15, 2008

Reflexión: Las consecuencias de la ira.

Controlar nuestra ira es algo que todos debemos aprender y poner en práctica en todas nuestras relaciones, pero sobre todo cuando tratamos con las personas que más significan para nosotros.
Algunas veces un miedo dispara nuestra cólera y actuamos sin pensar, impulsivamente. Y luego reparamos en nuestra falta y nos arrepentimos de haber alzado la voz o dicho algo que lastimó a la otra persona.


Respirar profundamente cuando la ira se presenta ayuda bastante, así como contar mentalmente hasta 10. Y más nos vale ejercitarnos en esta tarea antes que las consecuencias de nuestros arrebatos puedan ser dolorosas.
Comparto esta historia contigo para que reflexiones acerca de las consecuencias de la ira no controlada:

Esta es la historia de un muchachito que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería de clavar un clavo detrás de la puerta.
El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta.
Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su genio, clavaba menos clavos detrás de la puerta. Descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta. Llegó el día en que logró controlar su carácter durante todo el día.
Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter.
Los días pasaron y el joven pudo anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta... Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo:
"has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves. Puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero del modo como se lo digas lo devastará, y la cicatriz perdurará para siempre.”

Es preferible auto controlarnos antes que lastimar movidos por nuestro mal genio a alguien que amamos. Porque incluso cuando podamos disculparnos, el dolor que hemos causado no desaparecerá.
Hoy procuremos guardar la calma, pensemos en la importancia de vivir en paz y evitemos confrontaciones sin real sentido. Hagamos que nuestros seres queridos sientan lo mucho que nos importan.

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lunes, octubre 29, 2007

Reflexiones: Instantes, de Borges.

Cita de Jorge Luis Borges (1899 - 1986), escritor argentino, autor muy destacado de la literatura en español del siglo XX.


Si pudiera vivir nuevamente mi vida

En la próxima, tratará de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho me tomaría muy pocas cosas con seriedad.

Sería menos higiénico, correría más riesgos.
Haría más viajes, contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.

Iría a lugares donde nunca he ido,
comería más helados y menos habas.
Tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata y
prolíficamente cada minuto de su vida.
Claro que tuve momentos de alegría,
pero si pudiese volver atrás,
trataría de tener solamente buenos momentos.

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, solo de momentos.
No te pierdas el ahora.

Yo era una de esos que nunca iba sin un termómetro,
sin una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaídas.
Si pudiese volver a vivir, viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir, comenzaría a andar descalzo
a principios de la Primavera y seguiría así hasta
concluir el Otoño.

Daría más vueltas en calesita,
contemplaría más amaneceres y jugaría con niños.

Si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya ven, tengo 85 años y sé que me estoy muriendo...


Pocas veces nos paramos a contemplar las pequeñas cosas que nos rodean: cada día encierra muchos pequeños tesoros, que pocas veces somos capaces de ver; siempre andamos corriendo de un lado a otro, apenas prestando atención a lo que nos rodea, dando más importancia a ese televisor nuevo, o a los cientos de problemas del trabajo, de los pagos...

¿Invertiríamos tanto tiempo en los mismos asuntos o dando importancia a tantos problemas (muchas veces imaginarios, como reza el poema), si supiéramos cuándo nos iba a llegar la hora?

Es de sabios fijarse en las pequeñas maravillas del día a día; seamos sabios en nuestras vidas para disfrutar de la sonrisa de nuestro hijo, de nuestra pareja, de un rato de silencio, de una lectura pausada, de un abrazo o un beso.

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